¿De dónde viene la costumbre de regalar flores?

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No cabe duda de que las flores son siempre un acierto. Llevan con nosotros desde el principio de los tiempos y hoy en día es uno de los regalos más populares cuando llega el Día de la Madre, San Valentín, un aniversario, un cumpleaños o simplemente cuando queremos tener un detalle con alguien especial. Pero, ¿sabes de dónde viene la costumbre de regalar flores? Probablemente esta tradición se remonte mucho más allá de lo que imaginamos. Y, aunque este hábito no ha variado mucho con el tiempo, los motivos por los que lo hacemos y los significados que tienen las diferentes flores y sus colores si han cambiado.

En la actualidad, solemos elegir un ramo de flores en base a nuestros gustos personales, sin tener muy en cuenta el mensaje que esconde cada una de ellas. Pero hace apenas dos siglos, las flores y sus colores jugaban un papel fundamental  en el mensaje que se intentaba transmitir. Hoy sabemos que las rosas rojas simbolizan el amor apasionado, pero hay muchos más significados que se engloban dentro del lenguaje de las flores.

Regalar flores

Aunque no lo creas, mucho antes de que las pirámides de Egipto fueran levantadas, los hombres y mujeres prehistóricos ya daban mucho valor a las flores. En cuevas paleolíticas se han encontrado fósiles que demuestran que las flores se utilizaban en rituales funerarios. No obstante, todo apunta a que tenía más que ver con un símbolo de admiración o con determinadas razones religiosas o espirituales que todavía no han sido desveladas. Lo que no podemos saber es si en aquella época ya se regalaban flores.

Sin embargo, es innegable que las flores jugaron un importante papel durante la Edad Antigua, tanto en celebraciones como en funerales y en eventos sociales. Regalar flores a alguien era un símbolo de devoción. Por eso, los romanos, los griegos, los egipcios y los chinos las utilizaban con frecuencia en el culto a sus divinidades. En China, por ejemplo,  la magnolia era una planta exclusiva del Emperador y si éste obsequiaba a alguien con ella significaba que el receptor era digno de su confianza.

En la Edad Media hay evidencias del uso de las flores para disimular malos olores, decorar las viviendas o mejorar el aspecto de las personas. Pero también para regalar. Aunque lo cierto es que no existía todavía un lenguaje determinado, por lo que no se hacía con la intención de transmitir un mensaje.

En cualquier caso, el lenguaje de las flores no nació en occidente, sino en la cultura islámica. En estos países se había consolidado una amplia simbología alrededor de las flores, en base a sus colores y sus formas. Cada flor y cada matiz poseían su propio significado  y era conocido por todas las clases sociales. Así pues, con un gesto tan simple como el de regalar flores, las persona podía expresar sus sentimientos al destinatario. Una magnífica forma de comunicarse que dejaba al margen las palabras para dar protagonismo a los sentidos. Nacía de esta manera el lenguaje de las flores.

A comienzos del siglo XVIII, Lady maría Wortley Montagu, una mujer de la nobleza que residía en Turquía con su esposo oyó hablar de esta simbología y la exportó a su país natal: Inglaterra. Esta nueva forma de ver las flores no tardaría mucho en extenderse, implantando en Europa la semilla de la costumbre de regalar flores. Las rosas rojas representaban los sentimientos amorosos, las begonias la precaución, los acónitos el riesgo letal, etc. Y aunque muchos de ellos se han perdido a lo largo de los siglos, hay algunos significados que todavía hoy se mantienen.

Durante el Romanticismo el lenguaje de las flores fu difundiéndose por toda Europa como una novedosa forma de hacer llegar a otras personas los sentimientos, emociones y estados de ánimo de la persona que decidía regalarlas. Un secreto que se iría transmitiendo de padres a hijos y que, en muchos casos, albergaban mensajes muy atrevidos. Amantes y parejas usaron las flores como vehículo de comunicación, eligiendo el tipo de flores y los colores que necesitaban en cada momento para crear un auténtico cóctel de sentimientos. De esta forma, la costumbre de regalar flores pasó a ser algo más que un hábito. Un auténtico protocolo transmitido de generación en generación.

Tal fue el éxito de esta lenguaje que durante la Era Victoriana cada ejemplar tenía implícito un mensaje característico que todo el mundo conocía. Una época en la que la sociedad estaba obligada a ocultar muchas veces sus sentimientos y en la que las flores actuaban como los mejores mensajeros. Regalar un ramo de flores se convirtió en la forma más fiel de transmitir sentimientos y en la única válida de darlos a conocer.

Hoy en día, las flores continúan siendo uno de los regalos más populares entre parejas, familiares y amigos. Transmiten belleza y cariño, admiración y éxito, amparo y nostalgia. Y, a pesar de que muchos significados se hayan ido perdiendo, lo cierto es que todavía muchos siguen vivos en al cultura general. Eso sí, ya no lo hacemos porque no podamos expresar nuestros sentimientos abiertamente, sino como complemento a ellos.

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